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Crónicas del Open Source: Las Guerras de Mir III

Battle_Ship_by_Radojavor

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Martin Gräßlin, mantenedor de KWin (el gestor de ventanas de KDE) y una de las voces más beligerantes que han tenido que escuchar en Canonical con respecto de Mir, ha explotado. Se desliga de la comunidad Ubuntu por su actitud ante el ‘lenguarazo’ de Mark Shuttleworth, en el que el empresario sudafricano acusaba a algunos, sin especificar, de pertenecer al ‘Tea Party’ del Open Source. Y Gräßlin fue uno de los que recogió la ofensa.

En definitiva, Martin Gräßlin no perdona a la comunidad de Ubuntu su pasividad para con las palabras de Mark Shuttleworth, ni a éste por no haberse disculpado públicamente todavía, por lo que rompe sus contactos en ese sentido y se pone en pie de guerra verbal contra todo lo que huela a Canonical. Así lo ha hecho saber en Google+. Según dice, a la falta de respeto de Mark se han sumado muchas otras de simpatizantes de Ubuntu, ha tenido presiones y eso le ha afectado en su vida personal y trabajo.

Como era de esperar, el fogonazo de Gräßlin da lugar a una discusión acalorada en la que los participantes van tomando posiciones. Aaron Seigo, otro desarrollador destacado del proyecto KDE que también se enfrentó a Mark Shuttleworth entonces (llegó a retarle a un debate público sobre Mir, aunque sigue sin recibir respuesta…), ha ido más allá esta vez en defensa de su compañero, y recomienda no utilizar Ubuntu ni nada relacionado para forzar un cambio en la dirección del proyecto.

Y de la otra parte, la de Canonical y Ubuntu, poco. Mark Shuttleworth no ha vuelto a aparecer en escena, se mantiene ajeno a la discusión que generó; Jono Bacon (Community Manager de Ubuntu) parece desistir en su intento de calmar a Martin Gräßlin, a pesar de que un par de días antes del arranque de éste lo defendió, recordando a los fanboys de Ubuntu que el insulto no se tolera; y Jorge Castro, otro de los responsables comunitarios de Ubuntu, termina por mofarse de una situación a la que no da crédito.

Hasta aquí, un resumen de lo acontecido y todas las fuentes de información necesarias para seguir esta historia, si es que no sabes de que va el tema. A partir de aquí, un poco de opinión. Porque llega un punto en el que no me convence ninguna de las dos partes, y porque con tanto dime y diretes se pierde el fondo del asunto, que es a donde voy a rascar ahora.

Primero, los insultos a Martin Gräßlin y otros detractores de Mir por fanáticos de Ubuntu -que por lo general, cuanto más encendidos, menos saben de lo que hablan- son intolerables, vaya por delante. También es inaceptable la expresión utilizada por Mark Shuttleworth para referirse a los detractores de Mir, juntándolos a todos en igual saco, que etiquetó como «razones políticas». Creo que se equivocó en las formas, y mucho. Además, lo hizo en un ambiente que ya estaba muy enrarecido, y en su posición eso es un error de novato.

La opinión de fondo de Gräßlin, me ha dado la sensación, es que en la comunidad Ubuntu predomina el servilismo, el seguir al líder haga lo que haga, diga lo que diga, pues cualquier voz discordante es menospreciada y estigmatizada. Vamos, lo mismo que las religiones o partidos políticos, dominados por la estrechez mental del o estás con nosotros, o estás contra nosotros (con la cúpula o jefazo de la organización, se entiende).

No voy a entrar en si hay corporativismo en Ubuntu, porque es evidente que lo hay, como en cualquier otro proyecto de su envergadura. Sin embargo, en las listas de correo suelen haber discusiones cada dos por tres, y no parece que se margine a nadie por oponerse al enfoque que viene de arriba, que por otra parte es el que se termina imponiendo casi siempre. Ya lo dijo Mark Shuttleworth, «esto no es una democracia». ¿Y qué empresa lo es? ¿Red Hat?

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Cambiando de tercio, tras defender el derecho a la crítica de Martin Gräßlin y otros sin el temor de que ningún exaltado les insulte; tras apoyar la idea de que se haga un debate público, un Wayland vs Mir bajo prisma técnico, incluso aunque la postura de Canonical no cambiase un ápice a este respecto; tras quedar claro que Mark Shuttleworth se pasó de la raya… No puedo evitar ver una oposición a Canonical / Ubuntu igualmente desproporcionada.

Volviendo con Martin Gräßlin, protagonista de esta historia… ¿Cuándo ha expuesto él cuestiones técnicas en contra de Mir? Hasta donde yo sé, nunca lo ha hecho. Se enfadó mucho cuando en Canonical dijeron aquello de que Kwin y KDE funcionarían muy bien con Mir, por razones obvias: ni Canonical ha colaborado nunca en el desarrollo de KWin, ni se molestaron por consultarle a quien es su principal desarrollador.

Pero la oposición frontal de Gräßlin a Mir fue rotunda desde un principio, asegurando que KWin no soportaría Mir porque no se le da soporte a soluciones específicas de una distribución. A lo que le contestaron desde Canonical que Mir estaría abierto a quien quisiese usarlo. A lo Gräßlin contestó que entonces ya se vería si Mir era una mejor elección que Wayland o no… aunque a Wayland ya le está llegando el soporte en KDE… Y así hasta el aburrimiento. Pero, repito, cuestiones técnicas, por ningún sitio.

En cualquier caso, el anterior es un debate de desarrolladores, el que nos ocupa no. En su comentario de la discordia, Gräßlin dice que no quiere saber nada de Ubuntu y Canonical, etc., y que a partir de ahora no se va a callar más críticas que antes se callaba por respeto. La cuestión es que las críticas de Gräßlin hacía «el eje del mal» (Canonical, Ubuntu, Mark Shuttleworth, si se me permite la broma) vienen de lejos, y últimamente se han intensificado.

Para mí, como digo, Gräßlin tiene todos mis respetos y es libre de criticar lo que considere oportuno, pero lo que no puede hacer es quejarse de la atmósfera que se respira y luego soltar frescas como que espera que Debian se decante por SystemD en lugar de Upstart (ver noticia) porque es importante para el funcionamiento de KWin sobre Wayland, o felicitar a Mark Shuttleworth por el Big Brother 2013 (ver noticia). No me parece precisamente esa una postura que fomenta el diálogo limpio, la verdad, ni me parece que tenga que decir en el comentario de marras que «a partir de ahora» hará tal o cual, cuando lo lleva haciendo mucho tiempo.

Así, cuando un usuario le pide aguante para un debate de estas características y Gräßlin responde que no puede con eso, que no está hecho para eso (ver conversación de Jono Bacon enlazada)…; teniendo en cuenta que su actitud ha sido beligerante desde el primer momento… Yo, lo siento, pero dejo de comprender con qué rasero mide las cosas. ¿Está mal que Mark Shuttleworth diga lo del Tea Party, pero está bien que él se mofe de lo del Big Brother?

A tenor del último comentario publicado por Gräßlin en Google+, en el que agradece el apoyo recibido, que le ha servido para reafirmarse en su postura de no tolerar el abuso verbal… solo puedo recomendarle con un poco de humor que si no está hecho para soportar las tres tonterías fuera de lugar que dijo Shuttleworth, que no se acerque a Linux… Por si acaso.

En fin, que cada cual saque sus propias conclusiones, pero a mí esto me parece un lodazal en el que las dos partes están metidas hasta el cuello. Esperemos que la tempestad amaine pronto, porque es una situación realmente negativa para la imagen del software libre.

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