Flatpak ha ganado la partida. Por partida doble, además: lo ha hecho en el escritorio Linux en general, y en el mío en singular. Todo en términos generales, claro: lo de mi escritorio es cosa mía, como mía es la opinión que aquí os dejo, la cual no puedo sustentar con datos, porque no los hay. Al menos, no como para realizar una comparación consistente. Pero creo que basta con observar a la mayoría de distribuciones para hacerse una idea de por dónde van los tiros.
La partida, sobra decirlo, es la que juegan desde hace tiempo los dos grandes formatos de paquetes universales del escritorio Linux. Me refiero al ya viejo Flatpak vs Snap, y es que hace cerca de una década que venimos hablando del tema. ¡Una década! Para tomar algo de perspectiva, si bien cada uno nació con un objetivo diferente, tanto Snap como Flatpak se anunciaron oficialmente a mediados de 2016, aunque no nacían de la nada. No vamos a repasar su trayectoria ahora, pero sí podemos estar de acuerdo en que se han asentado en el escritorio Linux como recursos ampliamente utilizados.
En el caso de Snap, comenzó su andadura con una significativa relevancia entre las desarrolladoras comerciales, una tracción que parece continuar, como se puede comprobar echando un vistazo por la tienda: las compañías que confiaban en Canonical siguen haciéndolo, y otras tantas se han sumado a la iniciativa. Todo ello pese a la casi exclusiva presencia del formato en el entorno de Ubuntu. Las cosas como son: el desinterés por la propuesta de Canonical —cuando no rechazo explícito— por parte de las grandes distribuciones Linux ha sido manifiesto y, por consiguiente, un lastre para su extensión. Justo lo contrario que ha pasado con Flatpak.
No es algo que me invente: mientras que la mayoría de distribuciones ofrecen soporte de Flatpak —y en muchos casos Flathub— por defecto —por no mencionar aquellas cuyo modelo se basa de manera consustancial en este particular combo, léase prácticamente todo lo que lleve la etiqueta de inmutable—, solo Ubuntu hace lo propio con Snap. Es más, Canonical llegó a vetar la preinstalación de Flatpak en todas sus ediciones oficiales por motivos obvios… que nada tienen que ver con la tontería que dijo Mark Shuttleworth en su momento.
En este punto es preciso subrayar el eje de la discordia: el modelo centralizado de Snap, frente al descentralizado de Flatpak, aun cuando cabe preguntarse qué habría sido de este último sin Flathub. Sin embargo, rehúso la discusión en estos términos porque si bien Flathub actúa como vía de distribución centralizada de facto, no invalida la naturaleza de Flatpak. Un ejemplo un poco loco, pero válido, lo tenemos en la aplicación de GeForce Now para Linux. Y hay muchos más.
Flatpak y Snap han llegado para quedarse. Eso lo dije en un artículo en 2019, en el que hablaba de cómo ambos formatos se estaban posicionando como la referencia para distribuir aplicaciones en el escritorio Linux. Si era verdad entonces, imaginaos ahora. A AppImage lo dejé —y dejo— fuera de la ecuación porque juega en otra liga. La cuestión de fondo es que lo que arrancó como una vía de facilitar la vida a desarrolladores y usuarios, ha cumplido con lo prometido: los «formatos universales» funcionan.
Hace un rato publicaba una entrada que ilustra bien la problemática que resuelven estos formatos, aunque sea un caso muy concreto y un tanto extremo: el de Chromium. No menciono alternativas, pero podría haberlo hecho, ya que los usuarios de Gentoo también pueden hacer uso de ellas. ¿Para qué gastar esfuerzos manteniendo un paquete tan engorroso, cuando un Snap o un Flatpak lo solucionan de un plumazo (entendiendo por plumazo hacer el trabajo una sola vez y que sirva para todos)?
Una de las críticas habituales que se hace a este tipo de formatos es la de reinventar la rueda… hasta que llegue otro que crea poder hacerlo mejor y vuelta a empezar. Lo cierto, no obstante, es que ya están asentados, han servido de catalizador para que muchos desarrolladores y empresas traigan sus aplicaciones a Linux —no a una o dos distribuciones, sino al ecosistema— y para que aún más usuarios disfruten de ellas sin complicaciones. ¿Qué hay de malo en ello?
En mi opinión, varias cosas. Algunas han cambiado, otras no. Siempre me quejé de uno de los males del modelo, como es el excesivo espacio en disco que gastan las aplicaciones instaladas debido a la cantidad de dependencias repetidas, un coste que Flatpak mitiga compartiendo entornos de ejecución y evitando duplicaciones de archivos. Todavía no ha alcanzado la eficiencia del modelo tradicional, pero se ha avanzado lo suficiente como para que no duela. A todo esto, no es imprescindible, pero tampoco está de más perder un par de minutos de vez en cuando con el mantenimiento de Flatpak.
La integración con el escritorio fue también uno de los aspectos que menos me atrajo, pero también se ha avanzado bastante con ello, de nuevo, sin tocar techo. Las integraciones profundas se siguen resistiendo y no tengo mejor ejemplo que el de KeePassXC y los navegadores: si alguien lo ha conseguido, que me lo diga (me refiero a la integración del gestor de contraseñas y el navegador, ambos en formato Flatpak o Snap… y sin hacer cosas raras).
¿Otros problemas que haya detectado con los años? La compatibilidad con el hardware se puede resentir en casos determinados. Entre las posibles causas está el aislamiento, una de las ventajas de seguridad de Flatpak y Snap frente a los paquetes tradicionales, que puede ocasionar problemas con el reconocimiento o aprovechamiento de recursos. Me ha pasado con lanzadores de juegos, software de edición multimedia… Y me ha pasado lo contrario también: encontrar mejor soporte predeterminado que el «nativo» en aplicaciones como navegadores web.
Tampoco voy a entrar en detalles técnicos, eso lo dejo para otro día. Hoy me conformo con soltar lo de que Flatpak ha ganado la partida, algo que, creo, se deduce a simple vista a poco que se esté al día. Y no reniego de Snap, ¿eh? En Ubuntu lo sigo usando, aunque sea para no perderle la pista. Pero incluso en Ubuntu necesito instalar Flatpak y, claro, Flathub, para no quedarme sin alguna de mis aplicaciones habituales: las hay que están y, además, bien mantenidas; las hay que están abandonadas y las hay que… Que no las hay, vaya.
Para que nadie me diga nada, varios ejemplos de aplicaciones populares: Heroic Games Launcher, Inkscape, OBS Studio, qBittorrent, Stremio, Upscayl, Zen Browser… La tarea de mirar cuáles están en uno u otro sitio y con qué nivel de mantenimiento, os la dejo a vosotros. ¿Hay ejemplos a la inversa? Dejádmelos en los comentarios.
Voy más allá: si antes aplicaba y recomendaba la máxima de «primero, los repositorios de la distribución», hace ya bastante que lo hago justo al revés: salvo que hablemos de aplicaciones intrínsecas del entorno de escritorio, o de aquellas que me pueden dar problemas como los ya comentados, priorizo Flatpak. Para casi todo. Y como sistema principal llevo un tiempo usando Tumbleweed, por lo que la ventaja de estar siempre actualizado ni la tengo en cuenta.
La ventaja de instalarlo todo como usuario, y no como administrador, sí la tengo muy en cuenta. O la posibilidad de configurar los permisos de una aplicación. También el aislamiento, que no está presente en todas las aplicaciones, pero es un punto a favor, por más que tenga sus aristas. En ocasiones, encontrar compilaciones más completas o más pulidas es un extra, qué duda cabe. Pero si tuviera que destacar un beneficio, sería el de poder disfrutar de la misma experiencia sin importar la distribución. What else?




















