Nuevo análisis, cambio de aires. Literalmente, además, ya que en esta ocasión el protagonista del artículo no es otro que el Slimbook Kymera, un PC de altos vuelos que destaca por su diseño y capacidad, incluyendo una ventilación que está a otro nivel. Pero antes de entrar en materia, hay unas cuantas cosas que vale la pena aclarar.
La primera es la de siempre: el análisis se enfoca en la experiencia de usuario, no en hasta dónde llega el hardware. Sin embargo, dado el equipo y la configuración con la que lo he pedido, sería un desperdicio no aprovechar para someterlo a presión, aunque nada de ello se refleje en el texto (más datos sobre este asunto, al final).
La segunda es que, a diferencia de un portátil, el tipo de dispositivo que más hemos analizado por estos lares, un PC al uso, una torre, puede resultar un contenido más anodino, al montar componentes estándar y prescindir de características cuya compatibilidad es clave para valorar la experiencia. Y algo de eso hay, pero un ordenador clásico también presenta sus retos.
Ese motivo —la potencial dificultad que puede presentar un portátil frente a un sobremesa para ejecutar Linux con todas las garantías—, unido a que en Linux somos muy del do it yourself, es lo que nos ha llevado a ignorar por norma estos equipos, aun cuando muchos preferimos el sobremesa al portátil. Pues bien, he aquí el primer análisis de un equipo de sobremesa en toda su plenitud.
Nota sobre las imágenes: como de costumbre, las imágenes que ilustran este artículo son las oficiales e incluyen tanto renders, como fotografías de estudio. Es así porque muestran con mayor fidelidad el equipo y porque Tux no me otorgó ni el talento, ni la paciencia como para hacerlo por mí mismo. E incluyo una foto propia para demostrarlo
Slimbook Kymera

Comencemos por los antecedentes: Slimbook Kymera fue el primer PC tradicional que lanzó la marca española hace ya unos cuantos años, y aunque desde entonces su catálogo se ha ampliado y el producto se ha convertido en serie, y esta se ha ido renovando progresivamente, hay algo que no ha cambiado: Kymera es la torre de Slimbook, su gran referente para la sobremesa.
De todas las renovaciones de las que ha sido objeto el equipo, la última fue la más notable. Slimbook presentó la nueva Kymera Collection a finales del año pasado, con hasta seis modelos de caja predefinidos y más posibilidades si cabe en cuanto a personalización, aunque lo más interesante, como siempre, va por dentro. Pero a nadie amarga un dulce y poder elegir un estilo acorde con el propio es de agradecer.
De hecho, desde que sacaron la nueva colección han pasado varios meses y ya hay cambios, incluyendo una versión Compact mATX y nuevas configuraciones ETX, es decir, más opciones de tamaño a ambos extremos, si bien las estrellas de la serie se mantienen en formato ATX con los diseños ya conocidos. ¿Cuál es el que me ha llegado a mí? He dado una pista, así que te doy la oportunidad de adivinarlo, antes de que lo desvele.

Veamos ahora la configuración interna que permite el equipo, porque es ahí donde reside su valor intrínseco: si apuntas hacia un dispositivo de estas dimensiones, es porque lo necesitas, ya sea por potencia de procesamiento, gráfica o incluso por almacenamiento, aunque tanto portátiles como mini PC han avanzado tanto en este sentido que, seamos honestos, en la CPU y la GPU está su principal atractivo.
Otro aspecto relevante para muchos de los usuarios que siguen anteponiendo el factor forma de la torre a otros más acomodables, es la capacidad de personalización a nivel de componentes, así como la accesibilidad para su ampliación a futuro. En ambos casos, el Kymera no decepciona. Y como muestra, todas las opciones que permite la configuración de procesador y gráfica.
CPU Intel:
- Intel i5 14600K
- Intel i7 14700K
- Intel i9 14900K
- Intel Core Ultra 5 245K
- Intel Core Ultra 7 265K
- Intel Core Ultra 9 285K
CPU AMD:
- Ryzen 5 7600X
- Ryzen 7 7700X
- Ryzen 9 7950X
- Ryzen 9 7950X3D
- Ryzen 5 9600X
- Ryzen 7 9700X
- Ryzen 9 9900X
- Ryzen 9 9950X
- Ryzen 7 9800X3D
- Ryzen 9 9900X3D
- Ryzen 9 9950X3D
GPU AMD:
- AMD Radeon RX 6400 4 GB
- AMD Radeon RX 7600 8 GB
- AMD Radeon RX 9060 XT 16 GB
- AMD Radeon RX 9070 16 GB
- AMD Radeon RX 9070 XT 16 GB
GPU NVIDIA:
- NVIDIA 5050 RTX 8 GB
- NVIDIA 5060 TI RTX 16 GB
- NVIDIA 5070 RTX 12 GB
- NVIDIA 5070 TI RTX 16 GB
- NVIDIA 5080 RTX 16 GB
- NVIDIA 5090 RTX 32 GB
GPU Intel:
- Intel Arc A750 8 GB
- Intel Arc B580 12 GB
- Intel Arc A770 16 GB
La memoria y el almacenamiento ofrecen un margen de configuración igualmente generoso: entre 16 GB y 192 GB de RAM DDR5, y entre 500 GB y 4TB de SSD NVMe tanto para la unidad principal como para la secundaria, con un tope combinado de 8TB. Claro que gracias al formato del equipo, hay hueco también para unidades SSD de 2,5″ y discos duros convencionales de 3,5″.
Los nuevos Kymera ATX aceptan fuentes de alimentación desde los 500W hasta los 1.500W, y la refrigeración puede elegirse entre varias gamas, incluyendo soluciones líquidas AIO con ventiladores adicionales y, como ya advertimos en el anuncio de lanzamiento, con un perfil discreto o con la iluminación LED —tanto para los ventiladores como para los módulos de RAM— al máximo, según el gusto de cada uno.
La configuración del equipo concluye con el chipset —o más exactamente con la plataforma de placa base que figura en el configurador—, además de periféricos opcionales como aún más ventiladores, tarjeta de red Ethernet PCIe de 10Gb y, dependiendo del modelo de caja, vinilo personalizado. Y la distribución Linux con la que deseas recibir el equipo, a elegir entre un montón de alternativas: de Slimbook OS a opciones basadas en Ubuntu como Kubuntu, Xubuntu, Linux Mint o KDE neon, pasando por Fedora, CachyOS, openSUSE… O Windows. O nada, y te instalas tú lo que quieras.
Toda esta configuración se refiere al Slimbook Kymera ATX, sin importar el diseño. Los modelos mATX y ETX ofrecen configuraciones base adaptadas a su formato y, por lo tanto, menos y más potentes, respectivamente, por lo que el precio de arranque varía de uno a otro. Aunque lo cierto es que el precio de arranque varía también en relación a la caja y CPU elegidas. Concretemos, pues.
Pero antes, una pregunta: ¿has adivinado el modelo?
Slimbook Kymera Cristal Black

Fue el modelo que me sugirieron desde Slimbook y por mí, tanto monta, aunque observando con atención el resto de la colección… No lo tengo tan claro. Como sabe todo lector habitual de MuyLinux, porque siempre lo repito, suelo pedir lo que me compraría, lo que por lo general no se sitúa en los extremos, sino en la perspectiva que me ofrece cada equipo para mi uso en el día a día.
Sin embargo, este procedimiento lo aplico a la configuración interna. En este caso, el exterior también cuenta, y hay modelos que me atraen más que otros. Por ejemplo, el Kymera mATX es una opción muy interesante por tamaño y precio de salida; el Kymera Woodline me resulta muy discreto y elegante a la vista; y el Kymera Retro tiene un puntazo innegable.
Pero tengo que reconocer que el Kymera Cristal Black luce espectacular, en imagen y en vivo, y a falta de ver el resto in situ, creo que es una apuesta segura: el apartado estético es apreciable a simple vista, pero también la calidad de construcción —los materiales exteriores son aluminio y cristal templado— transmite una excelente sensación desde el primer momento. Y amplitud. Mucha amplitud. Por dentro, me refiero.
No hago unboxings y esta no va a ser la excepción, pero cuando te llega la gigantesca caja de transporte, el tamaño del bicho se empieza a perfilar en tu mente. Luego hay mucho de envoltorio, por fuera, pero sobre todo por dentro, protegiendo los componentes, y el efecto es doble: la torre es grande, pero no tanto; y el empaquetado es realmente impresionante, casi parece que pudieras dejarlo caer desde las alturas y no la pasaría nada. Por lo que sea, no lo hice (!).
En el empaquetado y desempaquetado se aúnan dos detalles de los que disfruto, vaya el mérito para Slimbook: la forma en que te llega el equipo denota extremo cuidado en el envío y lo mismo sucede con el montaje interno. Es una de las razones por las que prefiero que me lleguen las cosas montadas: soy perfectamente capaz de hacerlo por mí mismo, pero nunca me queda tan bien.
Las medidas concretas del Kymera Cristal Black son: 28,5 cm de ancho, 40 cm de alto y 42 cm de largo, esto es, un tamaño apto para torre ATX estándar, algo más pequeña y compacta que la caja típica, pero con el espacio interior muy bien aprovechado, gracias a una buena gestión de cables. A nivel visual, es muy parecida a la Pulsar ARGB de Nfortec, pero de ángulos rectos.

Como se puede ver en las imágenes, el Kymera Cristal viene en colores blanco y negro, y para gustos, colores. Y nunca mejor dicho. Para mi gusto, el negro es más bonito… y un poco más económico, lo que tampoco está mal.
En ambos casos tiene que ser una locura para los amantes del RGB, algo que no soy y, en consecuencia, uno de mis requisitos fue el prescindir de todo elemento de este tipo. El ahorro no es solo en ruido visual: el coste para tenerlo todo iluminado es de 80 euros: 30€ los ventiladores y 50€ la RAM, todo ello opcional.
No quise luces, pero sí la mejor ventilación, que para eso el Kymera Cristal Black se presenta bajo el enunciado «estilo y color, en un interior a la vista y un flujo de aire brutal», lo cual se traduce en una configuración con diez ventiladores… y porque no caben más (no me quiero ni imaginar todo eso iluminado). Pero que nadie se asuste: no tiene por qué ser así.
Como todo, dependerá de la configuración de hardware si necesitas más o menos ventilación, y es posible usar disipación por aire o líquida todo en uno. Cada método tiene sus ventajas: la líquida puede enfriar mejor y reducir algo el ruido percibido, pero también es más costosa y añade un punto adicional de complejidad frente a la simplicidad de la refrigeración por aire.

La imagen no engaña: diez ventiladores
Lo que ya no depende tanto de gustos —o tal vez sí— es la elección del modelo por procesador, aunque este aspecto también lo tenía claro: esta vez, AMD, lo cual también supone un ligero ahorro… en su configuración base. Así, el precio del Kymera Cristal Black comienza en 990 € con CPU AMD Ryzen 5 7600X, 16 GB de RAM DDR5, SSD NVMe de 500 GB y fuente de alimentación de 500W 80 Bronze.
¿Y la gráfica? Habiendo probado las últimas veces NVIDIA, la idea de tener un combo de AMD se me antojaba ideal, por lo que Ryzen y Radeon harían pareja. Sin embargo, y entramos ya en el meollo de la cuestión, en esta ocasión me abstraje de mi proceder habitual y me fui a por todas, con tan mala suerte de que no pude montar los componentes exactos que había planeado en el tiempo preciso…
Y me tuve que conformar con AMD Ryzen 9 9950X y AMD Radeon RX 9070 XT, dicho sea con ironía. Lo cierto es que ninguno de mis equipos actuales —y no tengo poca cosa— se aproximaba a la potencia que estos dos bichos ofrecen, ni por separado, ni mucho menos juntos. A ello le aderecé la nada despreciable cantidad de 128 GB de RAM DDR5 a 5600 MHz (en el configurador la memoria figura ahora en el rango de 5200-6000 MHz) y para el almacenamiento, 1 TB SSD NVMe Samsung 990 PRO.
El porqué de esta configuración, más adelante. Pero convengamos en que es muy potente, que es lo que me interesaba. No la más potente, porque esperar por el Ryzen 9 9950X3D se me hacía muy largo, y la opción de NVIDIA ni me lo planteba. Pero que nadie se lleve a engaño: NVIDIA GeForce RTX 5090 no tiene rival ahora mismo, y a saber cuándo vuelve a tenerlo.
La configuración del Slimbook Kymera Cristal Black la completa, según se puede comprobar en la página de compra del equipo, refrigeración de gama alta —para la CPU— y una fuente de alimentación 1000W 80 Plus Gold modular. Contando con CPU, GPU, RAM y SSD, el precio del equipo es, en estos momentos, algo más de 3.500 € (es complicado determinarlo con exactitud, al no figurar en el configurador la placa base concreta que monta esta unidad).

¿Para qué tanto equipo? He dicho que luego.
Antes, me gustaría señalar un componente capital al que pocas veces se presta la debida atención: la placa base. De hecho, es común que las ensambladoras de ordenadores de sobremesa no especifiquen el modelo, porque no usan siempre el mismo. Lo que sí suelen hacer, es —en particular, las compañías especializadas en Linux— usar primeras marcas, de probada compatibilidad.
En mi caso, se trata de la MSI MAG X670E TOMAHAWK WIFI, una placa bastante potente y equilibrada para el resto del hardware, aunque después de trastear un poco y de investigar otro poco, he llegado a la conclusión de que Slimbook hiló fino con su elección, porque los nuevos modelos de gama media y alta son un tema delicado… en Linux, pero también en Windows.
Sea como fuere, tras el ajuste inicial, todo fue bien: LAN 2.5G, Wi-Fi 6E (no alcanzó el nuevo Wi-Fi 7, pero como funciono por cable no me importa mucho), Bluetooth 5.3, etc. Incluye un puerto USB 3.2 Gen 2×2 (20 Gbps) Tipo-C, además de múltiples puertos USB 3.2 Gen 2 (10 Gbps) y Gen 1 (5 Gbps); y dos adicionales que lleva la caja.
Llegados a este punto querría señalar algo en relación a montarse un equipo así, por piezas, aunque no sea a la antigua usanza, esto es, recibiendo el puzle en casa y poniéndose manos a la obra uno mismo: incluso aunque lo tengas todo muy claro, no digamos ya si no es el caso, preguntar es gratis. Ante la duda, pregunta.
Hoy hablo de Slimbook, pero vale para cualquier otra de las marcas especializadas en Linux: os van a atender muy bien y, además, conocen el terreno mejor que nadie. Ergo, si vas a comprarte un equipo nuevo y no las tienes todas contigo, sobre todo si la inversión es importante, contacta primero con ellos y exponles tus dudas. Te ayudarán. Por supuesto, puedes buscar información, preguntar en foros, preguntarle a la IA… Pero pregúntale también a ellos.
Slimbook OS
Se me olvidaba mencionar otro elemento destacado de la experiencia predeterminada: Slimbook OS, la distribución propia de Slimbook, especialmente pensada para sus equipos. Como he dicho, es posible adquirir cualquier Slimbook con o sin sistema, con Windows o con una variedad ciertamente apabullante de distribuciones Linux, Slimbook OS me pareció lo más apropiado.
Es la misma recomendación que hago cuando pruebo un equipo de Tuxedo: mejor con Tuxedo OS, aunque sea para probarlo, y luego ya lo que quieras. Con Slimbook sería lo mismo, pero tengo dudas —quizás similares en su mismo contexto— de que sea igual de fundamental hacerlo con un sobremesa que con un portátil. Ahora bien, es lo que hice y me encontré con… Es algo confuso.
Cuando Slimbook OS lanzó su primera versión en abierto, en septiembre de 2024, lo describimos como una derivada de Ubuntu LTS con diferentes novedades en su haber. Tiene sentido, habida cuenta de que hay sabor GNOME y KDE Plasma. Sin embargo, yo solo probé la segunda y me encontré con un KDE neon retocado… y no siempre para bien, aunque hay detalles que entran en el ámbito de los gustos personales.
A mí no me gustó mucho, la verdad. Los retoques visuales, la preinstalación de aplicaciones de terceros y determinadas decisiones que para mí demuestran un criterio con el que no puedo coincidir, hicieron que tardara muy poco en dar el salto a algo más de mi estilo, como el propio KDE neon primero, para comprobar algunas cosas; y openSUSE Tumbleweed después, ya para echar millas.
No es el objeto de este análisis juzgar a Slimbook OS, pero como formó parte de mis primeras impresiones, qué menos que dedicarle unas líneas.

La buena noticia es que la experiencia con Tumbleweed ha sido excelente, y lo único que podría haber echado de menos de Slimbook OS, está mantenido por la compañía para distribuciones como Ubuntu y derivados, Debian, Manjaro, Fedora y openSUSE. Me refiero a Slimbook Service, un pequeño componente que reside en la bandeja de sistema y que facilita el acceso a funciones en portátiles o recibir «notificaciones importantes para tu modelo de Slimbook, como una actualización de la BIOS». Más información.
Lo tengo instalado y funcionando, pero tampoco es imprescindible, al menos en un sobremesa compatible como es el Kymera.
La experiencia Kymera
Toca hablar de la experiencia, aunque creo que a estas alturas del texto ya está todo dicho, o se puede dar por sentado: empaquetado impecable, montaje impecable, configuración brutal y componentes de primer nivel… La única crítica que he podido hacer hasta este punto se debe al sistema, y es opinable. What else? O, mejor aún: ¿qué se puede esperar que achaque a semejante bicho?
Voy a exponerlo de otra manera: conservo todavía un sobremesa de 2016 cuya configuración palice en comparación con el Kymera: i5 de cuarta generación —con sus gráficos integrados—, 16 GB de RAM, SSD SATA… Y Linux, cualquier distribución y escritorio, funciona estupendamente. Solo usando el navegador se nota renquear al equipo, cuyo límite, eso sí, se encuentra rápido en la multitarea con aplicaciones algo exigentes. También con juegos, claro.
A lo que voy es a que disfrutar de una experiencia decente con Linux requiere de los recursos justos: ni los requisitos mínimos que suelen recomendar algunas distros, ni tampoco mucho más. El cuello de botella viene dado por el navegador en las configuraciones más humildes, o por las aplicaciones —juegos incluidos— y procesos en las más altas. En resumen: nadie necesita un Kymera para hacer muchas, muchas cosas con Linux.
A modo de ejemplo, Slimbook tiene equipos como el Zero (Intel N150, 8 GB de RAM) que arrancan en los 300 y pico euros, y que para un uso corriente es más que suficiente. El Kymera mATX sale por 600 € en su configuración base (AMD Ryzen 5 5600G, 16 GB de RAM), y aunque los componentes son bastante modestos, su rendimiento es obviamente superior. No hace falta gastarse más para tener una muy buena experiencia en casos de uso doméstico o de oficina.
Si me preguntas, mi preferido del catálogo de Slimbook, hablando siempre de sobremesa, es el One, que ahora se sirve con dos configuraciones: AMD Ryzen 7 H 255 y AMD Ryzen AI9 HX 370. La primera cuesta de inicio 762 € y la segunda 300 € más, justificados por una APU superior con NPU para tareas de IA, así como por una gráfica más potente. Con algo más de memoria y almacenamiento, ese equipo da para muchísimo, y no precisamente por la IA.

Kymera vs One: cuestión de tamaño
Es momento, pues, de abordar una cuestión que quizás alguien se esté haciendo: si para lo que sea que vayas a utilizar el equipo, un mini PC cumple, no lo dudes, es la mejor elección a día de hoy. De hecho, he aquí otra crítica, esta intrínseca al hardware del Kymera: acostumbrado en los últimos tiempos a usar portátiles o mini PCs para todo, fue encenderlo y notarlo.
En otras palabras, de estar usando dispositivos a los que apenas se oye cuando los estás sometiendo a determinado estrés, a que el sonido de los ventiladores te golpee desde el arranque. Poca cosa, siendo sincero, pero lo suficiente como para percibirlo y no con agrado. Pero es que ese zumbido remanente es una brisa, comparado con el ruido que alcanza el equipo con juegos o tareas exigentes, de las que lo ponen a trabajar de verdad.
Todo es relativo, cabe matizar: no es lo mismo estar acostumbrado a usar torres con gráficas dedicadas que venir de ultraportátiles y mini PC; no es lo mismo usar el ordenador en un ambiente diurno, que en la quietud de la noche; no es lo mismo hacer unas tareas que otras… Pero, en mi experiencia, me resulta complicado jugar por las noches a títulos exigentes sin los cascos puestos. Es solo un ejemplo.
Las cosas como son: esto lo digo como usuario irredento de teclados mecánicos, a quien no es raro encontrar tecleando con furia en plena madrugada, con algún pódcast o música de fondo. Y vive Tux que mi teclado es más ruidoso que el Kymera en modo reactor nuclear, aunque son ruidos diferentes. En todo caso, es el aspecto negativo que más me ha impactado y tenía que mencionarlo.
¿Minimizaría el ruido la refrigeración líquida? Podría ayudar. Pero en esto coincido con Linus Torvalds y por muchos PCs que haya montado —muchos más que él, me temo— hay cosas que no controlo, ni tengo interés de hacerlo. También podría usar teclado de membrana, periféricos inalámbricos… Pero va a ser que no.
¿Y entonces?
Entiendo que haya a quien choque mi forma de ver las cosas, pero soy bastante pragmático, siempre que la economía acompañe: si solo tienes para un equipo y no te sueles mover, un mini PC es lo suyo. Si solo tienes para un equipo y te sueles mover, solo un portátil puede cubrir de manera eficiente tus necesidades. ¿Y si ambos dispositivos se quedan cortos? Esta es la respuesta. Al menos, en la sobremesa.
Por más que mini PCs y portátiles hayan avanzado enormemente en los últimos años en cuanto a capacidades de memoria y almacenamiento, no alcanzan las prestaciones de una torre, cuya potencia de procesamiento y gráficos sigue sin tener parangón en el ámbito doméstico. Es tan sencillo como eso.
Pongámoslo así: ejecutar sistemas de IA, juegos triple A, editar y procesar vídeo, virtualizar… Todo puedes hacerlo con un alto grado de dignidad con una variedad de hardware. No obstante, si el objetivo es hacerlo todo con holgura o llegar a límites de otra manera inalcanzables, las concesiones son parte del trato: tamaño, consumo, ruido… Y precio, claro. Un trato que estoy dispuesto a asumir porque sí, quiero hacer todo eso.
¿Y entonces…? ¿Por qué no una 5090, 192 GB de RAM…? Por varios motivos: el coste es de absoluta locura, 128 GB de RAM ya me parecen todo un exceso —cosas de la IA, amigos—… Y algo más importante en el caso que nos ocupa: la compatibilidad del combo AMD con Linux. O lo que es lo mismo, la tranquilidad de poder probar muchas cosas —léase distribuciones, pero no solo— sin complicarse más de lo estrictamente imprescindible.

Mi foto 😀
Por ejemplo, llevo probando estos últimos meses CUDA para cargas de trabajo en local y quería hacer lo propio con ROCm, aunque sé que no está a su nivel. Sin embargo, su enfoque en ecosistema de código abierto me atrae mucho más. También el hecho de ser la alternativa al referente. Lo mismo me sucede con el tema juegos: según los benchmarks, la Radeon RX 9070 está ligeramente por encima de la GeForce RTX 5070, por lo que la distancia con respecto a una 5080 o 5090 es patente, pero… ¿lo compensa la relación calidad-precio?
No voy a ponerme a divagar ahora, pero tampoco voy a entrar en los entresijos técnicos de procesador o gráfica, ni hacer menciones de Perogrullo, más allá de lo ya expuesto: rendimiento brutal… y tal y tal. Ni siquiera voy a recomendar este equipo con la configuración que me ha llegado, porque pocos usuarios, incluso entre los más exigentes, necesitan algo así.
Lo que voy a hacer es remitir al lector a un futuro cercano, pues al contrario que la temible quimera, el monstruo mitológico de tres cabezas que vomitaba llamas, el Kymera tiene que ser puesto a prueba. En más de un sentido.
Conclusiones
En pocas palabras, el Kymera Cristal Black es un equipazo, con un mérito relativo, porque irse a por lo mejor, o casi lo mejor que existe en el mercado, es mera cuestión económica. Lo que aporta Slimbook, por su parte, es digno de consideración, así que permíteme que vuelva a hacer hincapié en ello: diseño —entendiendo esto como la confección del producto en su conjunto—, montaje, servicio y, por qué no decirlo, un precio ajustado, dadas las circunstancias.
Acerca del precio, vale la pena recordar que atravesamos una época realmente convulsa, cuyo desenlace parece más lejano de lo deseable; pero de los 990 € del precio de salida a lo que cuesta mi Kymera, hay un trecho en el que caben decenas de configuraciones muy potentes y mucho más asequibles. ¿Un término medio? Ryzen 7 9700X, Radeon RX 9060 XT, 32 GB de RAM… No llega a los 2.000 € y es otro equipazo que puede casi con todo.
Lo mejor:
- El diseño de la caja, muy elegante y no tan grande como otros modelos de su mismo formato.
- El «toque Slimbook» se nota en muchos detalles.
- El flujo de aire es realmente brutal, pero…
Lo peor:
- El ruido que alcanza el equipo puede llegar a ser molesto si no estás acostumbrado.
- Slimbook OS no es la mejor carta de presentación.




















