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Mountain Graphite 30: segundas y últimas impresiones, un año después

Acostumbrado a probar diferentes aparatos durante más o menos tiempo, se me hace extraordinario escribir unas «segundas impresiones» de un equipo que no llevo usando un mes ni dos, sino más de un año. Y por usando me refiero a uso constante, casi cada día, como si de mi propio equipo se tratase. De un año a esta parte han pasado muchos dispositivos por mis manos, pero el Graphite 30 ha sido el único que, aún hoy, se mantiene a mi lado.

La razón de «apalancarme» el Graphite 30 durante tanto tiempo es este artículo. Aprovechando el planteamiento de la zona Mountain, me pareció interesante conservar el primer equipo suyo que probase hasta el final y hacer algo que nunca se hace: revalidar o no la calidad del mismo y, en el caso de Mountain, la robustez de la que presumen. Y ya os podéis imaginar que si hemos llegado hasta aquí, es que el equipo ha cumplido.

Mi intención en un principio fue la de quedarme con el Steel 20 reconvertido en Steel X, pero comenzamos con un portátil y así debíamos terminar. Permitidme, pues, que recuerde sus especificaciones técnicas básicas:

  • Pantalla 17,3″ Full HD Mate (1920×1080)
  • Procesador Intel® Core™ i7 4712MQ a 2,3GHz
  • 8 GB de RAM DDR3 1600 Mhz (2x 4 GB)
  • SSD Toshiba 128GB mSATA
  • Disco duro Western Digital 750GB 2,5″
  • Intel HD 4600 de 1,5GB DDR3 (memoria compartida sistema)
  • Nvidia GTX 860M de 2GB GDDR5
  • Batería extraíble de 8 celdas Li-ION de 76,96WH (hasta 5,8 horas de autonomía)

Recuerdo estos datos porque hace meses que el portátil está descatalogado, aunque existe otro modelo con esa denominación, pero con potencia de sobremesa; el equipo actual de Mountain que se correspondería con el Graphite 30 Pro 17 es el Onyx, con una ligera mejora de componentes.

Volviendo al último día de mayo de 2014, cuando publiqué mis primeras impresiones del Graphite 30 y Ubuntu 14.04… ¿ha cambiado algo? Varias cosas, en realidad. Por darle repaso a los puntos destacados entonces, antes de avanzar: Bluetooth ok, panel táctil ok (desactivando el desplazamiento natural), hibernación ok. Todo ok, y no solo en Ubuntu 14.04.

Como sabéis los lectores habituales, éste ha sido el equipo protagonista del G30 Test que me inventé y por el que han pasado OpenMandriva Lx 2014.1, openSUSE 13.2, Trisquel 7 y Linux Mint 17.1 Cinnamon, además de otras de la que no se llegó a publicar nada (Ubuntu 14.04.2, elementary OS Freya, Antergos. KaOS…). Ahora el SO dominante es Kubuntu 15.04 con Plasma 5.3. Lo que significa en su conjunto, que el equipo ha «sudado la gota gorda»: formateos constantes, sesiones de trabajo intensas, etc.

k1504

Por lo tanto, puedo dar mi opinión sobre el Graphite 30 como si me lo hubiese comprado un año atrás, y es que lo he usado más que mi propio portátil, que aguanta paciente en la reserva (con openSUSE 13.1). Lo resumiré con lo mejor y lo peor:

Lo mejor:

  • Potencia. A quién vamos a engañar: incluso un año después, el Graphite 30 es un portátil muy potente. Arranca en pocos segundos, ejecuta las aplicaciones de manera casi instantánea; todo funciona como un tiro y responde de acuerdo a lo esperado en situaciones de cargas intensas de trabajo.
  • Pantalla. La elección de una pantalla brillante o mate puede darse según gustos o circunstancias, pero lo cierto es que tras muchas horas al frente, el mate se revela como una opción sabia. La definición sigue siendo excelente y en contadas ocasiones he utilizado un brillo por encima del 50 por ciento, con luz artificial o natural.
  • Compatibilidad. Gran compatibilidad de serie con las principales distribuciones Linux, a pesar de que la gráfica dedicada no deje otra salida que la instalación de controladores privativos. Por lo menos el resultado está a muy buen nivel y con las actualizaciones va a mejor. Lástima que apenas tengo tiempo para jugar.

Lo peor:

  • Diseño. Si alguna pega tiene el Graphite 30, es el diseño. Desde mi punto de vista no es un factor determinante, pero es de obligada mención; y tampoco es que sea un equipo feo, pero una líneas más a la moda y un tacto más premium, en relación a lo que es el equipo, se echan en falta. Ah, y el teclado retroiluminado, o la falta de.
  • ¿Precio? Lo pregunto porque si los equipos de gama alta tienen un «problema», suele ser el precio. No todo el mundo se los puede permitir, pero quien puede lo disfruta, de eso no me cabe duda. La cuestión es, ¿necesitas una máquina que responda? Porque si la necesitas, es una buena inversión, y no hablo solo por el Graphite -que ya no se vende, repito, ahora sería el Onyx-, sino por los equipos de gama alta en general.

Y esto ha sido todo. Me quedo con un pensamiento: si hace un año me hubiera comprado el Graphite 30, podría respirar tranquilo, porque no me habría equivocado.

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